Quiero 12 años o menos si es posible, el jugar al escondite para mí era imprescindible; hoy por hoy aun jugamos a ese juego aunque no sea en un parque pero estamos ciegos. Mi vida se hiso triste cuando conocí a los hombres, los cambiaria sin pensarlo, quise aprender de todo y olvidar que me querías, dicen que el ignorante es feliz, quien lo diría. Si algo he aprendido al tratar con los hombres es que al final la joden no la jodes no me esperes; y a veces saber tanto es malo para la razón me duele el corazón por confiar en ellos, sé que somos diferentes y cada persona un mundo.
La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?