Ya no duele porque al fin ya te encontré, hoy te miro y siento mil cosas a la vez. Mira si busqué, mira si busqué, tengo tanto que aprender, todo lo que tengo es tu mirar. De mis recuerdos salen brisas a bordar, las locuras que tú me quieras regalar, y mira si busqué, mira si busqué tengo tanto para dar. Reconozco puertas que yo sé se abren solamente alguna vez, así de poco. Desde cuando te estaré esperando, desde cuando estoy buscando tu mirada en el firmamento, estás temblando, te he buscado en un millón de auroras y ninguna me enamora como tú sabes,
La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?