La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?

A ti te estoy hablando a ti, al que no escucha,
A ti que con lo que te sobra me darías la luz para encender los días,
A ti que juegas a ganarme cuando sabes bien que lo he perdido todo,
A ti te estoy hablando a ti aunque te importe poco, lo que estoy diciendo.
A ti te estoy hablando aunque es perder el tiempo,
A ti que te paso tan lejos el rigor del llanto y la melancolía
A ti que te falto el valor para pelear por ti,
A ti que te consuelas con cubrirte de Channel las huellas de mis besos,
A ti ya no te queda nada.
A ti que por despecho estas pensando con los pies,
A ti que me dejaste sola incluso cuando estabas en mi compañía,
A ti ya no te queda nada.
A ti te estoy hablando a ti tan sordo y resignado,
A ti que duermes con tu orgullo y te dejas tocar con tu rencor barato,
A ti que te gusta ir de mártir repartiendo culpas que son solo tuyas,
A ti te estoy hablando a ti porque no hay nadie más que entienda lo que digo.
A ti ya no te queda nada, y a mi me queda por lo menos, este síndrome incurable de quererte tanto.