Tu eres como mi sangre acudes a mi herida sin llamarte, tu presencia en mi vida es inevitable no vales oro sinceramente no tienes precio, eres tan grande que no se expresarte mi aprecio tantos momentos juntas pasamos tu y yo, cuantos momentos pasaremos tu y yo; todo recuerdo tuyo esta en mi corazón pero son tan grandes que no se si cabrán dentro. Me ayudaste en los problemas y borraste de mi el dolor, gracias a ti aprendí a no pintarme sonrisas llenarme la vida de color fue mi salvación, y sin ninguna palabra pactamos estar siempre no hay prisa nos queda una vida por delante, mil anécdotas para recordarte desde hace tanto tiempo compartimos algo y es un corazon que nos une desde hace años. Gracias por todo lo que has hecho por mi tu entraste en mi vida eres mi mejor amiga, gracias por todo lo que me haces sonreír, tu eres el ángel que me a ayudado a seguir.
La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?