La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?

He amado, he llorado, he besado, me he entregado, he sido mala y hasta que sin pensar en creer en otro hombre; en este mundo pensé que como mujer iba ya a tener bastante. No más miedos; No más hombres en mis llantos; No más sueños destrozados; No más días sin amor; No más sentirme atrapada, vivir sin aire. Pero mi plan ha cambiado, he perdido el control. He tomado; he bailado; he caído; he gritado; me han marcado y hasta ya he olvidado cómo amar a un hombre, estancando emociones, ciega por miles de razones, evitando el contacto; pero por fin te he encontrado, el viaje ha terminado con destino entre tus brazos. Mis días lo que me queda quiero que me los des para amarte la vida entera quiero envejecerla, quiero dártela a ti. Amar es encontrar el paraíso en el que todo ser humano siempre quiso entrar, y hoy en un bar te busco, te encuentro, me atrapas, te miro atenta, eres libre como yo y así lo siento; me das tu aura, no pasa el tiempo; Seguimos tu y yo. Me hablas del sexo y de tu pasión, no de un futuro echado en sillón viendo la televisión, yo te hablo de sueños también de defectos, hablo de darte medianoches en un mundo perfecto; puedo, quedarme a tu lado y en ti bien enredada; en el despertador de un lunes o en el cubata de un sábado; puedo, compartir besos, cama y huevos, no habrán más miedos, ni celos, ni duelos, ni juegos de egos; me pego a tí como un imán. Mis días ya sé a dónde van; recuerdos negros ya no volverán, no se repetirán, tu estás aquí y eres mi guía y ahora por fin pegada a ti, así quiero pasar mis días. Ahora sé que eres tú, el destino de mi suerte, feliz de encontrarte, impaciente por tocarte, yo también quiero ser tu sudor, tu vigor, tu noche y tu sol, morir abrazados haciendo el amor.