Y quiero creer en ti, cuando me dices que estará bien. Si, trato de creerte, pero no lo hago. Cuando tu dices que va a ser, siempre resulta ser de diferente manera. No sé como me sentiré mañana, yo no sé qué decir, mañana es un día diferente. Siempre ha dependido de ti, está cambiando, depende de mí; Haré lo que tengo que hacer, sola no. Dame un poco de tiempo, dejame sola un poco de tiempo, quizá no es muy tarde, hoy no .
La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?