Tanto que decir tanto que reír para no llorar. Se que puedo controlar mis pensamientos pero no consigo callar el sentimiento que es libre como el viento. No pretendo que lo dejes todo por mi amor no te digo que conmigo te va a ir mejor solo pido que no ignores a tu corazón es el único que siempre tiene la razón. He inventado mil razones para olvidarte he luchado con mis ganas para no llamarte, mi promesa siempre ha sido ser una mujer fiel mi promesa es respetar tu piel. Y no dejare de amarte aunque estés con ella. Sobreviviré, pensando en ti lo haré ; quedan los recuerdos flotando entre los besos anoche lo soñé. Se que puedo controlar mis pensamientos pero es imposible callarme lo que siento que me arde aquí muy dentro.
La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?