Oígo voces que me dicen que te has ido, el tiempo me dice que vuelva por donde he venido, que alguien me diga el por qué de este castigo, si por ti sufro tu vas sufrir conmigo. La vida y los días han empezado a fallarme, tu sales ganando, no sé para que engañarme, poco a poco te llevas lo que queda de mí sin dejarme nada por lo que luchar y vivir. Mi mente me dice que ya ha pasado todo, que esto tenía que pasar de todos nuestros modos, que la distancia era la peor condena y que por desgracia no podía tenerme cerca. Las excusas no me valen, voy perdiendo a gente en el camino, esa gente que decía estar al lado mío. Tengo corazón de hielo, ya no confío en nadie, el daño que me han hecho es profundo y lo sabes. Una pequeña realidad, el amor no existe, la distancias con amor normalmente persisten. Luego no me preguntes el por qué de ser tan fría, corazón de hielo voy a tener toda la vida. Conversaciones por teléfono que voy a añorar siempre, las noches que me decías todo lo que sientes, las largas noches diciendo que me querias. Ya veo yo que no eran más que mentiras.
La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros; no se puede escapar a lo que ven de nosotros. Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”… ¿Cuando me van a sacar esos ojos de encima, y van a ver lo que realmente soy?